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Posted by on Oct 10, 2012 in generación Y | 0 comments

¿Existe una generación Y?

¿Existe una generación Y?

Entramos a clase cada mañana y nos encontramos a jóvenes que no conocemos. Están en plena niñez, adolescencia o juventud y pensamos saber por lo que están pasando, al fin y al cabo ¡también nosotros hemos vivido esos momentos! Sin embargo, ¿no ha cambiado nada?

En el año 300 antes de Cristo Aristóteles escribió “Los jóvenes tienen fuertes pasiones y suelen satisfacerlas de manera indiscriminada. De los deseos corporales, el sexual es el que más los arrebata y en el que evidencia falta de autocontrol. Son mudables y volubles en sus deseos, que mientras duran son violentos, pero pasan rápidamente (…). Creen que lo saben todo y se sienten muy seguros de ello; este es, en verdad, el motivo de que todo lo hagan en exceso. Si dañan a otros es porque quieren rebajarlos… adoran la diversión (…)”. Hoy un periódico sensacionalista hubiera sido menos violento. ¿Y qué les parece lo que escribió Shakespeare en 1609 en Un cuento de invierno?: “Ojalá que no hubiera edad entre los diez y los veintitrés, o que la juventud pasara ese tiempo durmiendo, ya que no sirve para otra cosa que para embarazar a las muchachas, agraviar a los ancianos, robar y pelear”.

Somos hijos de nuestros padres y de nuestra generación. Existen características propias al desarrollo evolutivo del ser humano que son comunes para todos como por ejemplo, la creación de una identidad en la adolescencia o la crisis de los cuarenta, y sin embargo, cada generación añade al listado de etapas sus propias peculiaridades. La psicología evolutiva, encargada del estudio del desarrollo humano enumera cuatro grandes fuentes para argumentar cómo somos: primero, nuestra genética y nuestra personalidad, el conjunto propio de rasgos que nos definen como personas en lo físico y en lo psicológico y que nos aportan consistencia en el comportamiento y la reacciones antes diferentes contextos; segundo, las características propias y reconocidas de cada etapa evolutiva en cuestión como la niñez, la adolescencia, la adultez, la vejez, el duelo o el camino hacia la muerte, por ejemplo; tercera, los atributos de la sociedad donde nos desarrollamos en interacción constante y cuarta, la características ontológicas, es decir, aquellas correspondientes a cada generación o grupos de generaciones. No podemos culpar o juzgar a los jóvenes por su rebeldía o por la búsqueda de una identidad, al igual que no culpamos a los ancianos por su serenidad; estas características son propias de cada etapa evolutiva. Al emitir juicios sobre las peculiaridades de los jóvenes de hoy debemos esforzarnos por saber distinguir entre las dos primeras fuentes y las dos últimas y argumentar nuestro discurso focalizando sobre todo, nuestra atención en las últimas.

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