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Posted by on Apr 5, 2013 in argentina, educación prohibida, escuela 2.0, innovación educativa | 0 comments

La Educación Prohibida, una experiencia de película

La Educación Prohibida, una experiencia de película

El 8 de agosto de 2009, un joven periodista argentino daba vueltas en su cama sin poder dormir mientras una idea aventurada le rondaba la cabeza. A esas horas de la noche, cuando la mente nos traiciona con ocurrencias que escapan y cosquillean caprichosas en nuestro pensamiento, Germán Doin se planteaba hacer un corto, quizás con suerte una película, que retratara otras formas de mirar a la educación. “Sabía que había otro tipo de escuelas, algo había escuchado de “escuelas sin exámenes”, lo que ya me parecía una osadía. Ese mismo día envié un correo electrónico y ahí comenzó el camino de La Educación Prohibida”. Tres años más tarde, el día del estreno mundial, Germán describía con esas palabras el germen del proyecto cinematográfico, social, cultural y educativo que se conoce atrayentemente, como La Educación Prohibida. La duermevela resultó muy fructífera después de todo.

Si algo caracteriza al mundo del cine es su extraordinaria capacidad para trasmitir historias. El hombre se ha construido a fuerza de palabra y narración, pero es la imagen del cine quien nos ha seducido y emocionado con mayor facilidad. Literatura, pintura, teatro, escultura, fotografía… son muestras de nuestro talento, pero de entre todas las formas de expresión artística reconocidas, es el cine indiscutiblemente, quien ha enamorado a toda la humanidad. Nadie escapa a sus encantos. Y este hecho responde, en buena medida, a la capacidad única de la gran pantalla para revelarnos las señales básicas, fotograma a fotograma, de las narraciones que durante siglos, la humanidad transmitió oralmente. Señales visuales que escenifican el encanto de las mejoras narrativas.

El 8 de agosto viene a corretear por mi pensamiento mientras me dirijo a entrevistarme con Germán, en su casa a las afueras de Buenos Aires. Un 8 del 8 las ideas no le dejaron conciliar el sueño. Es una señal de película, me digo, y es que no podría haber sido otro día ni otro mes, porque el ocho es el número cinematográfico por excelencia. Para la cultura oriental es el número que representa las señales de buena suerte. También un 8 de agosto, muchos años antes, nació uno de los directores de cine más grandes de todos los tiempos, Alfred Hitchcok, quien definió el género del suspense. La película de ocho milímetros, gracias a su tamaño reducido y su facilidad de revelado revolucionó el cine, poniéndolo en manos del usuario aficionado, que con una videocámara se hizo director. Y no digamos ya el formato Superocho, escuela de los mejores directores de cine de los ochenta. Es por eso que no me sorprende que el ocho sea uno de los números más paradigmáticos y un tanto mágicos… como el cine. Está presente en la sucesión de Fibonacci y es el primer número de Leyland, aunque ya hemos tenido suficiente suspense hablando de Hitchcok como para entrar en el terror de lo matemático… resumamos reconociendo que el ocho es el infinito puesto de pie, o como cuentan en la emocionante Cinema Paradiso (por cierto, estrenada en 1988) el ocho es una vieja máquina cinematográfica que en un lado desenrolla film y en el otro, enrolla cine. Así que como en toda buena película, me encaro con las señales en el andén ocho de la Estación Constitución de Buenos Aires y tomo el tren para conocer a un joven director, que ha marcado un nuevo hito en la historia del cine.

Germán Doin es un flaco argentino, muy amable, que desprende serenidad y que me recibe en el salón de su casa, entre el pantallón de Mac donde imagino se coció una buena parte del trabajo de edición de la película y los juguetes de su nena pequeña, que dan vida a la casa. Vengo con los deberes hechos y sé lo que no es La Educación Prohibida, lo he leído en el blog de Germán: La Educación Prohibida no es un ataque a la escuela pública, no es propaganda o publicidad de escuelas privadas, no es un re-descubrimiento snob de las pedagogías emancipadoras y progresistas, no es un método o manifiesto pedagógico y no es una investigación carente de fundamentos, entre muchas otras cosas que se han dicho sobre el proyecto. “La Educación Prohibida es una película sobre la educación centrada en el amor, el respeto, la libertad y el aprendizaje”. Punto y final. Así define Germán la iniciativa “un proyecto que nace, no con la intención de mostrar cuáles son las mejores experiencias, ni las ideales, sino con el objetivo de visibilizar otras formas de hacer educación, distintas, que personalmente, estaba muy interesado en conocer”.

Así que ni cortos ni perezosos, para sacar adelante el proyecto, el equipo fue a visitar experiencias educativas diferentes por toda Latinoamérica, acercándose, por ejemplo, a la realidad de las aulas de las escuelas Montessori, de pedagogías sistémicas, o de escuelas experimentales, entre muchas otras. Conocieron a sus educadores de primera mano, los entrevistaron sobre su visión de la educación y disfrutaron de tiempo en el aula con los alumnos comprobando por ellos mismos, el sentido de las palabras. Mientras conversamos, recuerdo que en una entrevista en Uruguay, bromearon diciendo que gracias a escuela21 había creado la profesión de “reportero educativo”, o de “educador viajero”; me pregunto si Germán y su equipo no habrán creado la de “pedagogo audiovisual”. “Cuando pasábamos por las escuelas siempre nos quedábamos con la idea de que nos encantaría volver a nacer y vivir todo un proceso escolar en cada una de esas escuelas, una y otra vez, para disfrutarlas al máximo”. Conozco esa sensación a la perfección, cuando descubres escuelas tan especiales que podrías quedarte allí toda una vida.

Entre risas, me cuenta una de las experiencias que recuerda con más perplejidad cuando se acercó a conversar con un niño de una escuela experimental. “Yo veía que cada niño hacía cosas diferentes y él había empezado a trabajar en un proyecto. Es interesante ver cómo los niños podían elegir qué hacer con su tiempo y con su aprendizaje. Me acerqué a preguntarle por qué estaba haciendo lo que hacía y el me respondió: Porque quiero. Ese momento me sorprendió y me di cuenta de que él estaba decidiendo y haciéndose responsable de su propio aprendizaje porque quería… y eso es algo que me asombró, ya que no estamos acostumbrados a esa autonomía en las escuelas”.

La Educación Prohibida es un comienzo más que un final, no ha cerrado unas conclusiones definidas, sino que ha abierto un diálogo para colocar a la educación en las conversaciones de la gente. A mi parecer, uno de sus principales logros ha sido ése, el de crear conversaciones. Estoy convencido de que éste es un mérito impresionante. La película ha propiciado el encuentro informal con gente ajena al mundo educativo, despertando su interés por lo que pasa en las escuelas o por el significado que distintas metodologías tienen el aula. Personas que por primera vez, preguntan a profesionales por este método o aquel otro. Alcanzando al gran público, La Educación Prohibida ha generado el deseo de informarse sobre una cuestión que todos reconocemos clave para nuestro desarrollo pero sobre la que hace tiempo habíamos olvidado conversar con naturalidad: la educación, simple y llanamente. Una conversación que no puede darse por zanjada y de la que todos somos responsables, no solo instituciones, sino -y sobre todo- personas. Sin embargo, sin ser una película conclusiva, Germán sí subraya algunos factores comunes a estas experiencias que las hacen únicas: todas ellas dan libertad y autonomía a los alumnos en sus procesos de aprendizaje; son comunidades de participación activa donde todos los miembros, padres, docente y maestros tienen un lugar activo en la escuela y sobre todo, se experimenta y se aprende a mejorar la acción docente, como el propio Germán explica “son escuelas donde no hay una sola forma correcta de hacer bien las cosas que permanece siempre, prueban constantemente y aprenden”.

No es mi deseo contarte aquí todo el argumento, ni siquiera resumir las ideas principales de las entrevistas o experiencias que muestran. Sería muy osado por mi parte, sobre todo cuando el equipo ha hecho un trabajo genial y muy didáctico desde su web www.educacionprohibida.com. Sin embargo, creo que al margen de su contenido, el proyecto en su conjunto, es una experiencia educativa innovadora del siglo XXI. Permíteme que te muestre por qué. Aunque pensándolo mejor, -y viendo la longitud del post, si es que alguien llega a leer algún post hasta el final…- añadámosle un poco de suspense y magia al asunto con un toque de cine. Aquí os dejo la película de La Educación Prohibida, échadla un vistazo y sacad vuestras propias conclusiones, en la siguiente entrada analizaremos las claves del éxito de esta iniciativa cinematográfica y educativa para, por qué no, que puedas montarte tu propia Educación Prohibida en tu escuela, una experiencia de película.

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