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Posted by on May 8, 2013 in 826Valencia, innovación educativa, nueva york | 0 comments

la escuela de los superhéroes

la escuela de los superhéroes

Un cañón de aire, un láser de partículas, el kit-básico para crear tu identidad secreta, ventosas trepa-edificios “la solución definitiva para los superhéroes que no pueden volar”, un inductor de truenos, una pistola de protones, pirañas cibernéticas, la sopa de la omnipotencia en lata, aletas “los mejores pies de agua para la vigilancia subacuática”, guantes mutantes, fluido para clonar -que de funcionar, imagino que solo tendrás que comprarlo en una ocasión-, antifaces, capas de todo tipo de largos y cortes -siguiendo las tendencias de esta temporada-, muñequeras metálicas, esposas, gafas de rayos X… y en la sección de químicos, antimateria, antigravedad, una botella de caos e, incluso, Kriptonita. Todo y esto y mucho más, se expone en las estanterías de la tienda donde cualquier superhéroe que se precie viene a hacer sus compras imprescindibles. “Superman consigue aquí sus mallas” me asegura el dependiente con una sonrisa.

Una joven mamá ojea la sección de mapas secretos. Mientras, un adolescente se prueba varios antifaces y un misterioso hombre de mediana edad pretende pasar desapercibido cuando se mira al espejo portando la pistola de neutrones… ¿A qué superhéroes esconderán bajos esas falsas identidades?, ¿estaré junto a la mujer maravilla, el hombre araña y un agente secreto? Los ruidos en la gran sala de la trastienda alejan mis pensamientos de los sospechosos compradores.

En la misma tienda donde los X-Men tienden descuento como organización, decenas de niños acuden a participar en un programa único de seguimiento y tutorización personalizados durante todo el día.

Voluntarios de todas las edades tienen una cita con aprendices, uno por uno, para completar juntos las tareas de la escuela, aprender a escribir su propia novela o descubrir cuáles son los principales talentos de los más pequeños, esto es, sus superpoderes. Absorto en el ambiente mágico de esta singular tienda-escuela, me pregunto cuáles serán los superpoderes de su creador.

Hará unos diez años que Dave Eggers tuvo la disparatada idea de abrir una tienda para piratas en San Francisco. En realidad la tienda de suministros para piratas era solo una tapadera. El objetivo de Dave era el de ayudar en los estudios a todos aquellos niños más vulnerables del barrio, a los susceptibles de abandonar la escuela. Quería asegurarse de que no desperdiciaran una de las mejores oportunidades de su vida, pero que lo hicieran siendo ellos mismos y descubriendo sus talentos.

Todo comenzó en la librería del 826 de la calle Valencia. En un principio, Dave dispuso de un gran espacio en la parte trasero de su local. Con esmero, lo adecuó con mesas, sillas y otras utensilios académicos. Creó un equipo de voluntarios, compuesto en gran parte por escritores y artistas, y esperaron a que los niños aparecieran. La sorpresa para todo un equipo de motivados adultos fue que los niños no acudieron.

Dave y su creativo grupo de amigos se preguntaron qué podía haber ocurrido. Miraron a su alrededor y no tardaron en descubrir que se encontraban en una librería bastante convencional. Un espacio ideal para adultos, pero que no había sido capaz de llamar la atención de ningún niño que había cruzado su escaparate. Además, no se trataba de que los niños acudieran obligados por los adultos, como iban a tantos otros lugares. Éste debía de ser un lugar para crear y experimentar, un lugar para aprender como no podían hacerlo en ningún otro sitio.

No fue hasta unas semanas después, cuando se dieron cuenta de que si querían conectar con los chicos del barrio, necesitarían una mejor tapadera que la de una librería común. Tenían que tener en cuenta quiénes eran, que podía gustarles, cómo atraerles, cómo usar el espacio de un modo más llamativo e inteligente y cómo organizar actividades que les permitieran aprender mejor, divirtiéndose. Alguien habló de una vieja tienda de suministros náuticos, otro dijo aventura, otro creatividad y aquel dijo: “¡Piratas! ¡Eureka! ¡Piratas!” El equipo de Dave daría en la diana con un espacio diferente, nuevo, único… además, en estos momentos seguían con las manos vacías, ¿qué podían perder arriesgándose a diseñar un proyecto educativo lleno de cacharros marinos?

Unos meses más tarde, la singular tienda de suministros para piratas rebosaba de niños. Tenía lugar un proyecto educativo de atención personalizada único en todo el mundo.

También había ojos de cristal, parches, gabanes, mapas del tesoro, palas, botellas de ron -sin alcohol- y recambios de patas de palo en diferentes alturas. Todos estos elementos, además de ser imprescindibles para convertirse en el peor pirata posible, componían la escena de una eficaz tapadera para el aprendizaje. Una tapadera que funcionó con gran éxito ante los incrédulos ojos de los estudiantes más desmotivados. Los niños del barrio no podían rendirse al encanto de ir a pasar la tarde y de paso, aprender en una tienda para piratas.

Unos años más tarde, la propuesta de Dave dio origen a cientos de espacios diferentes en todo el mundo. Tapaderas educativas de toda índole como la tienda de suministros para superhéroes en Brooklyn donde me encuentro. El mismo Dave lo relata en la emocionante “A Heartbreaking Work of Staggering Genius”. Un proyecto educativo que aglutina las experiencias de la organización 826Valencia, con cientos de espacio educativos pintorescos, pero fundamentados y eficaces.

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